20 años antes de la psicodelia: el LSD

Generalmente asociamos a las épocas de los 60 y 70’s con la liberación, la búsqueda del amor y la paz y muchos, muchos colores. Una de las drogas con mayor auge, era el denominado ácido o LSD.

El colorido de esta corriente hace alusión al efecto provocado por distintos compuestos o drogas consumidas en esa época por toda la corriente de jóvenes que –como en cada época o movimiento- perseguían su causa.

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El LSD deriva su nombre del acrónimo de Lysergsäure-Diethylamid  ‘dietilamida de ácido lisérgico’.

El químico suizo Albert Hofmann sintetizó el ácido durante un experimento para descubrir los alcaloides del grupo ergolina, que se encuentran presentes en el cornezuelo del centeno.

El 19 de abril de 1943, el padre del LSD realizó un autoexperimento al consumir 250 microgramos ya que consideró que podría ser la dosis mínima debido a su experiencia con otros alcaloides ergóticos.  

Durante su experimento, descubrió que esta sustancia tenía mayor potencia comparada con cualquier otra de la época.

A raíz de dicha experiencia, viajó a su casa en bicicleta y redactó todo lo que sentía, veía y le sucedía, poco a poco, creció su estado de alucinación.

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En honor a ese día, el 19 de abril se conmemora el día mundial de la bicicleta.

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El LSD, esa droga recreativa y alucinógena, fue utilizado para experimentos de la CIA, en la medicina psiquiátrica y psicoterapia, como herramienta de la meditación, y principalmente por la corriente de jóvenes en los años 60 y 70’s relacionada con la creación artística.

Un dato curioso es, que en la España medieval, al agotarse la cosecha de trigo se alimentaban del centeno.

Llegado el verano, cuando apenas se disponían a recoger la cosecha de cereales, preparaban el pan con los restos de centeno de sus graneros, donde solía infectarse de un hongo llamado cornezuelo.

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Al consumir el pan alucinógeno las personas resultaban enfermas de ergotismo, algunos morían súbitamente y otros resultaban intoxicados y sufrían de lo que comúnmente denominaban como “fuego sagrado”, es decir, una vaso constricción que daba lugar a la necrosis en brazos y piernas.

Algo es seguro, a ellos no les resultaba tan recreativo el uso de esta sustancia que consumían con completa ignorancia o inocencia.