¿Cómo designamos los nombres científicos de las especies?

Como es bien sabido, todos los seres vivos suelen contar con una clasificación y una denominación muy particular por especie. La ciencia encargada de hacerlo es la taxonomía.

Es común encontrar en distintos textos científicos o artículos especializados los nombres de las diversas especies de las cuales se expone.

Estas palabras extrañas a nuestros oídos, que solemos ver en museos, herbarios, libros de texto, son los nombres científicos y seguramente te preguntarás, ¿para qué sirven? o ¿cómo es que se eligen?

Estos títulos, son nombres que se le dan a los taxones; es decir, a los grupos de poblaciones que son clasificables por sus similitudes entre ellos.

La taxonomía es la ciencia encargada de dar un nombre científico a todas las especies conocidas. Es una subdisciplina de la biología sistemática, la cual estudia las relaciones de parentesco de los seres vivos y su historia evolutiva o filogenia.

El primero en proponerlo fue Carl Linneo en el siglo XVII, quien vio la necesidad de que cada especie tuviera un nombre para la comunidad científica.

Esto vino a facilitar mucho las cosas ya que tiempo atrás, los naturalistas realizaron algunos intentos de ordenar la información disponible sobre los organismos, y de alguna manera, reglamentar sus nombres. Sin duda, fue gracias a la contribución y ambición de este naturalista sueco que se logró.

Los nombres científicos se dividen en dos: la primera palabra señala el género y la segunda se refiere a la especie particular.

Están escritos en latín y usan sufijos de este idioma para especificar si son plantas, algas, hongos, bacterias o animales. Se escriben en cursivas o subrayado.

Si alguna vez te habías preguntado de dónde surgían estos nombres, puedes agradecer a Carl Linneo, ya que esta sistematización de la información nos permite contar con conocimiento preciso sin que se preste a confusión.

¿Interesante, no?