La magia de visitar el bosque

Los bosques han fascinado siempre la psique humana. Siempre es bueno encontrarse con la naturaleza en medio de un paseo en el bosque.

Inmensos, grandiosos y llenos de misterio al encerrar tanta vida, barreras entre lo conocido y lo desconocido.

En el bosque se confunden la vista y el sonido, lo real y lo irreal, suelen tornarse oscuros y fríos debido a que el dosel arbóreo actúa como repelente del sol, esto provoca en algunas personas sentimientos como miedo y/o frialdad.

Hasta cierto punto es entendible debido a que un paseo en el bosque representa inmensos peligros, desde sufrir un accidente en alguna vía escabrosa, perder el camino, toparse con algún animal que allí habita.

Sin duda, los bosques se deben tratar con respeto. Son santuarios naturales plagados de animales, territorios indomables.

En fin, representan un reto y sí, son peligrosos, pero si dejamos de lado todos los factores anteriores y logramos conectarnos con nosotros, se puede tornar en una visita un tanto espiritual.

Un encuentro con uno mismo, que permite pensar y respirar el aire fresco que no tenemos en la ciudad.

Encontrarse en medio de un terreno desconocido y calmo, siempre trae una onda de misticismo. En muchas culturas se cree que los árboles albergan espíritus o almas.

De acuerdo con su simbolismo, en el cristianismo, el bosque es considerado como naturaleza indómita y es asociado con el paganismo y el símbolo de humanidad perdida en la oscuridad espiritual.

En Asia, sin embargo, es lugar de desarrollo espiritual y meditación; en la tradición hinduista, un habitante del bosque es quien se ha retirado a una vida de contemplación.

En el arte chino o japonés es habitual la representación de pinares; se creía que eran hogar de espíritus.

Ojalá se sigan preservando y cuidando estos lugares que a pesar de no ser el lugar predilecto de todas las personas, nos permiten encontrar refugio en la naturaleza, cobijándonos con su magia que ayuda a olvidarnos de la cotidianidad y las cosas banales.