La observación del cielo

En las culturas primitivas la observación del cielo era algo muy importante, y los fenómenos celestes se consideraban sumamente significativos.

Cuando coincidían con sucesos terrestres, se convertían en presagios.

Hay muchos mitos y supersticiones asociados con la aurora, que se halla en el origen, por ejemplo, de las leyendas de dragones de Occidente y China.

El fuego de san Telmo –descarga eléctrica constante que se produce durante las tormentas- era considerado un presagio divino por los marinos. Los mayas creían que la Vía Láctea era una gran serpiente blanca que serpeaba por el cielo nocturno.

Aurora boreal

El espectacular y mágico despliegue de la aurora boreal es visto como un signo de nacimiento real en algunas culturas. En otras, anuncia la guerra o la presencia de fantasmas. En la mitología nórdica tenía un carácter femenino.

Vía Láctea

Los aztecas la llamaban Mixcóatl (Serpiente Nube) y dieron su nombre al dios de la estrella polar. Muchas culturas creían que la Vía Láctea era un camino o río que unía la Tierra y el Cielo: para los nativos norteamericanos era una senda hacia la tierra de los muertos, y los incas la imaginaban como un río celestial.

Con la ventaja de nuestra tecnología, podemos continuar observando el cielo y el universo visible con la certeza de muchas de las respuestas a las preguntas planteadas siglos atrás.

Por desgracia, hemos perdido una de las grandes ventajas de nuestros antepasados, y es que nos resulta difícil encontrar una condición de oscuridad comparable a la de siglos atrás.

Sin ayuda de telescopios y con buenas condiciones de oscuridad y transparencia atmosférica, y estudiando tan solo un poco, somos capaces de distinguir algunas de las constelaciones y objetos del cielo situados a unos cuantos años luz.

A ojo desnudo, podemos deleitar nuestras pupilas con espectáculos majestuosos como lluvia de estrellas, eclipses de sol y de luna, paso de cometas, que desde la antigüedad se han podido asociar con distintos augurios y que hasta nuestros días, nos provocan asombro, rareza y belleza.

Desde nuestros comienzos, la naturaleza humana nos ha mostrado como seres curiosos y este tipo de actividades llevó al desarrollo de ciencias como la Astrología y más tarde, de la Astronomía.

Ciencias sencillamente apasionantes e inagotables, sólo imagina todo aquello que nos queda por descubrir.