Castrati, los rockstars de la ópera

Si has tenido la oportunidad de escuchar óperas de la época barroca seguramente no habrás podido identificar de primera mano que se trata únicamente de hombres interpretando los personajes, esto debido a que poseían una voz aguda -de soprano, mezzo-soprano o contraltos-, estos cantantes eran denominados castrati -plural del italiano castrato-.

El movimiento de la ópera tomó mucho auge en épocas antiguas y, como en todo, no era común ver a mujeres en escena por lo tanto los papeles masculinos como los femeninos eran interpretados por hombres.

Estas estrellas del siglo XVIII eran hombres capaces de cantar en tonalidad de voz muy aguda, es decir, su voz alcanzaba registros similares a los de las mujeres, esto era posible gracias a una intervención quirúrgica.

Como su nombre denota, esta operación consistía en amputar los testículos de los cantantes con la intención de evitar la producción de hormonas sexuales masculinas que son las responsables del cambio o muda vocal que se produce durante la adolescencia.



Generalmente eran operados aquellos niños de entre 8 y 12 años que habían demostrado talento para el canto y, lamentablemente, no todos lograban mantener la voz aguda buscada por medio de la castración que realizaban los barberos.

Su voz era admirada como un don divino. Los compositores consideraban su tesitura al momento de escribir sus óperas. Causaban bastante furor, especialmente perseguidos por las mujeres.

En nuestros días, al momento de interpretar una de esas obras se utilizan sopranos y contra tenores para sus papeles.

Los castrati se vieron privilegiados y florecieron en todas las cortes de los siglos XVI pero en 1870 el Estado italiano prohibió la castración voluntaria.

Posterior a ello, dicho procedimiento generalmente era enmascarado con supuestos accidentes o justificación por alguna enfermedad.

El barroco llegó a su fin y con esta época los castrati, debido a que se incorporaron mujeres a la escena musical. En los coros eclesiásticos continuaron utilizándolos hasta entrado el siglo XIX.


El castrato más conocido fue Farinelli, su verdadero nombre era Carlo Broschi.

A pesar de contar con ambos sexos en la escena musical y de no recurrir más a estas prácticas, lo cierto es que nadie puede alcanzar la especial voz que conseguían en estos hombres.