¿Cómo surgió la propina? ¿es o no obligatoria?

Cuántas veces has acudido a algún restaurante o cafetería y después de haber sido atendido de una manera pésima o equivocadamente y te encuentras con la duda… “¿debo dejar propina?, pero no me atendió bien”.

En general, una costumbre que se ha extendido para todo aquel servicio prestado por otra persona.

No es exclusivo para meseros, puede ir desde una pequeña acción como indicar un buen momento para salir con el automóvil, quien empaqueta los víveres en el supermercado, quien ayuda con las maletas, etc.

El debate es el siguiente, se debe o no dejar propina a pesar de no recibir un excelente servicio.

Mientras algunos aseguran que es la única remuneración de los empleados y es cuasi forzoso brindarla.

Otros apuestan por brindar un porcentaje de lo consumido siempre que acude a algún lugar y son atendidos de la mejor manera.

Seas de los primeros o segundos, seguramente te habrás preguntado de dónde viene esta tradición o por qué existe.

La palabra “propina” proviene del latín propinare, que literalmente significa “dar de beber”.

Parece ser que en Grecia se tenía la costumbre de beber solo una parte del contenido de la copa, esto, con la intención de dejar el resto a la persona a cuya salud se brindaba.

En nuestros días, contamos con la etimología de esta palabra y solemos brindar las propinas de manera monetaria.

Dependiendo del país en el que radiques es la forma en la cual se brinda.

En la mayoría de los países el porcentaje de propina sugerida se encuentra entre el 15 y el 20% del total de la cuenta.

En España, por ejemplo, únicamente brindan propina si se encuentran plenamente satisfechos con el servicio recibido.

Y mientras en lugares como Nueva York se exige, en otros como Japón se considera casi un insulto o una muestra de superioridad.

En Latinoamérica suele haber discusión entre hacerla o no obligatoria.

Es común, al menos en mi país, México.

Los mexicanos tenemos la costumbre de otorgar el 10% del consumo total a los meseros.

Lo cierto es que no debemos exagerar, seguramente habrá días malos para los prestadores de servicios pero eso no los condena a ser calificados como no merecedores de una recompensa, aunque obviamente el imponer tampoco está bien, ¿tú qué opinas?